Un año después del 15-M: ¿qué celebramos?

Esta semana se han producido muchos debates y una vigilancia mediática para saber si el movimiento 15-M sigue vivo o no. La pregunta sería cómo estamos los españoles un año después. Al 15-M se le exigen actuaciones que no son de su competencia: ofrecer medidas políticas, articular una alternativa. Ése no es su papel. Su mérito fue convertir la indiferencia (peligrosa y sumisa de los ciudadanos, que fue la anestesia que comenzó a debilitar los cimientos democráticos) en indignación (un sentimiento más acorde con lo que estamos viviendo). Una indignación que prendió como una cerilla entre los ánimos incendiados de los ciudadanos que sentimos miedo, desconcierto, incertidumbre y desconfianza. Las alternativas, las actuaciones políticas, las posibles salidas es responsabilidad de los políticos, y ellos no tienen ni idea de cómo salir de este agujero.

Los platos rotos los pagó el PSOE con un castigo electoral muy duro. Y lo aprovechó el PP, subiéndose a la ola y dejando que otros hicieran la protesta, mientras que ellos sólo tenían que “hacer el muertito” en la tempestad (como bien decía Felipe González) hasta llegar a la orilla de la Moncloa. El PSOE pagó la derrota como 19 gobiernos más de toda Europa: como bien dicen los analistas, la crisis se está llevando por delante a todos los gobiernos sean del color que sean, da igual conservadores que progresistas. Pero no es exactamente así: la crisis está poniendo en cuestión la política conservadora de Alemania y de Merkel, las políticas estrictas de austeridad y recortes, la deshumanización de una crisis económica cuya salida está sobre las espaldas de los ciudadanos, unas medidas europeas que son claramente injustas y desmedidas, unos recortes que no se aplican a todos por igual.

Llevamos ya cuatro años de crisis y Europa no sabe hacia dónde va. Merkel está haciendo una cruzada conservadora que está asfixiando naciones, maltratando ciudadanos, creando desigualdad social e injusticia democrática, aniquilando gobiernos, hundiendo a la Política, y …, ¿para qué está sirviendo?

Un año después del aniversario del 15-M estamos muchísimo peor: sigue el miedo, con brotes de pánico, España entra nuevamente en recesión, la prima de riesgo ha crecido con el PP de forma espectacular (de 311 puntos el 20 de diciembre del 2011 a pasar la frontera temible de los 500 esta misma semana), nuestro sistema financiero se hunde, se mencionan términos como “el corralito” o “la intervención”. Y Europa se desangra delante de nuestros ojos, viendo cómo los extremismos políticos crecen y cómo estamos a punto de perder a Grecia en el naufragio.

Lo peor es que los gobernantes no saben explicarnos qué pasa, cómo se cura esta enfermedad y cómo saldremos de ella. Llevamos cuatro años dando palos de ciego, cumpliendo a rajatabla los mandatos de Merkel, para que ahora se abra una luz de esperanza con Hollande y Francia solamente está diciendo “hemos de cambiar de rumbo y apostar por el crecimiento”.

Pero el sentimiento de los ciudadanos, además de indignación, es de desolación. ¿A quién creer y qué creer?. Lo realmente lamentable es que los políticos y la Política no han cambiado en esta crisis. Los mismos políticos que crearon la burbuja inmobiliaria, que han llevado al desastre el sistema financiero, que han abierto aeropuertos y eventos carísimos de despilfarro inútil, que han permitido y encubierto la corrupción, los mismos políticos que nos hicieron soñar que vivíamos en el país de las maravillas, son ahora los que gestionan la salida de la crisis, los que nos dicen que “sólo se puede gastar el dinero que se tiene”, “que hay que ser austeros y recortar” y que cierran servicios e infraestructuras porque no pueden mantener aquel derroche que ellos crearon.

Son los mismos que pretenden culpabilizar a los ciudadanos de que son responsables de haber soñado por encima de sus posibilidades, de haber creído en los bancos y en sus estafas, de haber hecho seguidismo electoral de una política indecente y engañosa. Son los mismos que no pretenden asumir ninguna responsabilidad.

Y ése es el verdadero problema de decepción y desconfianza de los ciudadanos: que no se puede creer en los mismos que son capaces de decir una cosa y la contraria sin razonamiento ni explicación, sino simplemente por ocupar un puesto en el Gobierno o en la oposición.

En el aniversario del 15-M, lo que hay que comprobar no es si el movimiento sigue circulando, sino cuál es el grado de indignación y decepción de los ciudadanos, cuánta injusticia y desigualdad se está generando, y qué riesgos corremos si se sigue generando pánico y alimentando los extremismos demagógicos y políticos.

La historia europea del siglo pasado nos dio varios ejemplos dramáticos que deberían servirnos hoy como alerta y aviso de qué líneas rojas no deberíamos pisar. Y ésa es una responsabilidad directa de políticos que hoy son incompetentes e ineficaces.

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Bankia: la gota que colma el vaso de la irresponsabilidad

 

Ahora que el PP y Rajoy son el Gobierno, habría que recordar la hemeroteca todos los días para ver las sandeces e irresponsabilidades que cometieron cuando ejercían la oposición. El problema es que antes mentían con la misma facilidad que lo hacen ahora; como dice Juan José Millás, han olvidado dónde guardaron la verdad. Rajoy se ha convertido en el presidente que ha incumplido todas y cada una de sus promesas electorales en un tiempo récord, que ha hecho totalmente lo contrario de lo que prometió, que se atropella de forma aturdida sin saber hacia dónde va, cuyo liderazgo es de pies de barro sustento en su absurda ambigüedad de la que se mofa hasta la derecha mediática. Llegó al poder diciéndole a la gente exactamente lo que quería oír, lo que necesitaba oír, lo que de forma desesperada querían creer a costa de lo que fuera, y el PP no tuvo problema en mentir aún sabiendo que hipotecarían la confianza hasta de sus propios votantes.

Pero dichas tales obviedades, lo más indignante es comprobar que Rajoy no tenía ningún plan, no sabía ni sabe qué hacer. Hoy estamos peor que ayer: en nuestra posición en el mundo, ante los conflictos con Latinoamérica, en el aumento del desempleo, en el estancamiento del consumo, en la desconfianza europea, en los recortes de bienestar y derechos, en la conflictividad social.

Ahora llega Bankia. Y la mayor desestabilización del sistema financiero español.

Y lo que es peor para Rajoy: ¡no puede echarle la culpa a Zapatero! (aunque lo intente), pues Bankia es 100% producto del PP: en su origen del problema, en la politización de los bancos, en los directivos y malos gestores, en la desfachatez de cómo se ha ido al precipicio.

Nuevamente, no queda más remedio que salir al rescate con dinero público. Y nadie lo cuestiona porque nos jugamos los ahorros de millones de españoles; el peso de la anterior Bancaja en la Comunidad Valenciana es extraordinario. Lo que todo el mundo espera es que, de una vez por todas, haya condiciones al rescate de dinero público y que también haya responsabilidades por mala gestión.

Lo que los ciudadanos no pueden entender es que Rato se lleve una indemnización escandalosa como premio a la quiebra del banco; no se puede entender por qué no se piden responsabilidades a José Luis Olivas, número dos, que fue ‘conseller’ de economía con Zaplana, Presidente autonómico de tránsito para cubrir el hueco hasta que llegara Camps, y quien “politizó” a Bancaja metiéndola en todos los charcos, inventos, negocios y cosas raras que al PP valenciano se le ocurrían: desde financiar los grandes eventos ruinosos (quiebra de Terra Mítica, por ejemplo) hasta la promoción de viviendas, fomentando el ‘boom’ urbanístico, que ha destrozado el sector productivo de la Comunidad Valenciana.

Lo que los ciudadanos no pueden entender es que, de una vez por todas, no se exijan responsabilidades a los malos gestores. En momentos tan duros, con recortes draconianos; cuando las personas sufren la incertidumbre de llegar a mañana, la Banca sigue moviéndose en otra esfera, en un limbo de sueldos e indemnizaciones incalculables en el recuadro de una calculadora, sin responsabilidades por las acciones que ponen en peligro miles de puestos de trabajo, los exiguos ahorros de trabajadores, la financiación de cientos de empresas, y al conjunto del sistema financiero español.

¿Y POR QUÉ NUNCA PASA NADA?

Para recuperar la confianza, para devolver la dignidad al sistema público, para que podamos creer en la política, es necesario que se asuman responsabilidades por las gestiones desastrosas e ineficaces, muchas veces de forma consciente e interesada. Islandia es un ejemplo (que nadie quiere contemplar), pero EEUU y Obama podrían darnos lecciones de cómo recuperar el control, el poder y la gestión de bancos, que han especulado con nuestro dinero.

Y si fuera poco, cuando Rajoy aún anda cumpliendo los deberes que Merkel le pone, siguiendo la estela conservadora sin criterio propio, Europa amanece de forma distinta desde que Hollande ganó en Francia. Nuevos planteamientos se ponen sobre la mesa; hasta el FMI considera que la austeridad está llegando al límite de la propia supervivencia.

Otra vez en la historia, España camina con el pie cambiado

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Sin periodismo, no hay democracia

Las protestas ciudadanas se repiten casi todos los días en la calle: protestas por recortes en sanidad y educación, manifestaciones por la reforma laboral, indignados por la impunidad ante los responsables del desaguisado económico, …. La protesta ha llegado a los cimientos del sistema: los informadores también se manifiestan reclamando libertad de expresión. Tienen razón los periodistas cuando proclaman que “No hay Democracia, sin periodismo”. Y debemos ser conscientes los ciudadanos de lo que nos jugamos si no existe pluralidad informativa.

Las reglas del sistema democrático permiten que cada medio de comunicación tenga su propia línea editorial, busque su espacio informativo, redacte noticias con datos veraces al tiempo que ofrezca columnas de opinión. Todo un mosaico informativo que permite conocer y razonar. Unas reglas que no han podido evitar conflictos y fricciones, como la manipulación informativa en televisiones autonómicas, la imposición de criterios mercantiles frente al criterio propio del periodista, el silencio informativo por interés económico, etcétera. El periodista ha tenido que sortear obstáculos para que la noticia que él investiga esté debidamente documentada, con la objetividad que a un profesional se le requiere, pero también con el compromiso por su oficio: informar.

Pero, el periodismo está en crisis.

A la crisis económica que parece engullirlo todo y está sirviendo de coartada para arrasar con los derechos adquiridos y cambiar la sociedad que hemos venido construyendo de forma cohesionada, al periodismo se le suman dos amenazas de naturaleza diferente: una, los nuevos medios de comunicación por internet; dos, la debilidad del sistema democrático.

Así pues, vemos cómo las redacciones de los periódicos, envueltos en un cambio de modelo, que va más allá de lo económico, despiden a periodistas porque se cierran rotativas, porque ya no se compra papel, porque la información circula por otros cauces. Así que, para ser competitivos, al periodista se le exige informar “ya, ahora, en tiempo real” de lo que ocurre, sacrificando la reflexión y profundidad de las noticias, por la prontitud y la inmediatez. El periódico que consultamos por la mañana es diferente al de media tarde y ha perdido actualidad frente al último de la jornada. Nos vemos leyendo titulares a toda prisa, porque la noticia va más rápida que nuestra capacidad de asimilarla. Se exige rapidez al tiempo que se abarata la profesión. Hay que reducir “costes” a costa de reducir calidad informativa. Hoy, cuando vivimos en un mundo global, sin puertas ni ventanas, capaces de conocer lo que ocurre en la otra punta del planeta, la tentación de los medios de comunicación está en “simplificar” el hallazgo de la noticia: ¿por qué no funcionar todos bajo una misma agencia internacional, con una misma nota de prensa, con la misma fotografía? Con tanta simplificación, ¿habrá espacio para los reportajes profundos de investigación? ¿quién decidirá lo que hay que contar y cómo? ¿cómo contaremos lo complejo, los matices, la diversidad de opiniones?

Como señala Iñaki Gabilondo, estamos alumbrando una nueva ignorancia, cuando disponemos de más saber que nunca a nuestro alcance, pero no podemos entenderlo. Además, gran parte de la avalancha informativa procede de fuentes no identificadas, convirtiéndose en “productos tóxicos” informativos. Internet es una magnífica herramienta pero no es periodismo.

Por otra parte, asistimos a un ataque al sistema democrático representativo. Vemos a Gobiernos, como el de Rajoy, más preocupados en sonreír sumisamente al FMI que en explicar a sus ciudadanos qué está pasando; a una política debilitada sin liderazgos sólidos capaces de hacer frente a la globalización económica; a un retroceso en derechos, que también afecta al periodista, observador y narrador de la realidad. Y la primera tentación de gobiernos débiles que no tienen razones, sino imposiciones, consiste en debilitar al máximo al informador, hacerlo responsable, acallarlo. La mano dura de Rajoy con la RTVE, modificando la ley, para hacerla “a su imagen y semejanza” no es un capricho ni una simpleza.

Los periodistas tienen razón: “Sin periodismo, no hay democracia”. Y su crisis es la crisis de la Ciudadanía Democrática.

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La fortaleza de Rajoy es la debilidad de España

 

Algún medio de comunicación señala que Rajoy ha ganado los presupuestos exhibiendo “su fortaleza”, con cierta prepotencia de quien le da lo mismo lo que opinen los demás porque tiene los votos suficientes para imponer su criterio, trazando además “una línea divisoria” entre el Gobierno y el resto de los partidos de la oposición. Lo lamentable es que la “fortaleza” exhibida responde más bien a “sacar músculo en una pelea” que a responder a la confianza depositada por los ciudadanos. Lo doblemente lamentable es que la “línea divisoria” trazada no es solamente entre los partidos del Parlamento, sino con los españoles, cada vez más abrumados, pesimistas, asustados y desconfiados. Y lo triste es no haber entendido todavía que de esta situación no saldremos “a la vieja usanza”, con los jueguecitos políticos de siempre, “con el tú la llevas” y los reproches continuos, y mucho más cuando el recién estrenado Gobierno no tiene ni idea de cómo salvar al país.

Una “fortaleza” que no es capaz de exhibir con Merkel, quien cada vez está más claro que nos llevará al desastre con su miope visión de “Alemanizar Europa”. Una “fortaleza” que no es capaz de sumar a las voces, cada vez más numerosas, que proponen un cambio de rumbo para generar crecimiento. Una “fortaleza” que no es capaz de exhibir con Argentina. Una “fortaleza” que no es capaz de exhibir persiguiendo el fraude fiscal. Una “fortaleza” que no es capaz de imponer a sus propios compañeros, dirigentes de Autonomías, algunos de ellos responsables de haber traspasado todas las líneas rojas de la decencia política y personal, como el caso de la Comunidad Valenciana, y los continuos sobresaltos que aún no cesan, desde la corrupción al desmantelamiento de todo un sistema financiero-económico-productivo, véase la crisis que vive hoy Bankia (la vieja Bancaja) o la CAM: fracasos estrepitosos del PP valenciano. Una “fortaleza” tan consistente y sólida que la utiliza “cuantitativamente” para cambiar por decreto la televisión española, signo de la pluralidad informativa, de la objetividad y de la credibilidad (se lo debemos a Zapatero aunque nunca supo explicarlo con claridad a los ciudadanos – ¡cuántas cosas no explicó bien!- porque es incapaz de convencer con razones y por eso necesita crear una televisión a medida.

En cambio, sí ha demostrado su “fortaleza” imponiendo una brutal reforma laboral, los recortes al Estado de Bienestar más draconianos de la historia, una ley marcial que perseguirá a los manifestantes como si fueran terroristas (porque le asusta vivir un 15-M como le ocurrió al Gobierno socialista), una reforma judicial que dejará sin derecho a la justicia a muchos ciudadanos, las subidas de las tasas universitarias, y una reforma sanitaria que atenta contra el más básico sentimiento de solidaridad y compasión con las personas. Porque todos nos hemos convertido en sospechosos, en malévolos, en aprovechados, en vagos, en CULPABLES de la crisis que estamos viviendo. Los ojos de Rajoy no miran al pueblo español con compasión por las medidas severísimas que van a padecer, sino con un sentimiento retorcido, señalando con el dedo que España tiene lo que se merece.

Es “la fortaleza” del mediocre, del que no sabe hacer frente al poderoso, pero le resulta fácil imponerse contra sus súbditos. Y así no se forjan los líderes. Pero Rajoy nunca ha sido un líder, ni lo ha pretendido: es un claro superviviente, que sólo ha conseguido llegar al gobierno resistiendo, dejándose llevar por la corriente, y aprovechando los malos vientos, para conseguir el poder por el poder.

Ahora, Rajoy y el PP reprochan a la oposición “no estar a la altura” y “no ayudar a sacar al país de su peor crisis”. Reprochan lo que ellos mismos hace unos meses practicaban con desvergüenza descarada; se han invertido los papeles en el Parlamento. Como si de un teatro se tratara, cada uno ocupa el rol asignado, sin memorias, sin promesas realizadas anteriormente, sin debates apasionados donde se defendía lo contrario a lo que hoy se hace, sin compromisos; nunca pasa nada, porque los ciudadanos todo lo resisten, tienen las espaldas anchas y la memoria débil. Como decía Juan José Millás, el PP ya no puede contar la verdad, porque no saben dónde la perdieron ni qué forma tiene.

Y, aunque parece que no pasa nada, sí pasa. La situación va a peor: no sólo económicamente, sino en el deterioro de bienestar, social, cultural y moral de nuestras sociedades. Va peor porque estamos hipotecando nuestro futuro: las salidas formativas y laborales de nuestros jóvenes, la resistencia de la Democracia política, las ideas productivas que puedan emerger, el desarrollo de la investigación y la ciencia, …

Necesitamos líderes políticos, recuperar la honestidad y la credibilidad, devolver a la Democracia su valor cualitativo, …. y algo tan sencillo como no mentir. No todo está permitido en política ni todo se les puede permitir a los políticos. El hartazgo está hirviendo en la olla social y puede derramarse; de momento, sólo hay una tapa que lo frena: el miedo.

El miedo que tienen los españoles es la verdadera “fortaleza” que exhibe Rajoy para imponer sus medidas y su forma de gobernar. ¡Lamentable!

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Del Estado de Bienestar al Estado de Beneficencia.

 

Cien días han sido suficientes para que los españoles conozcamos a Rajoy, aquel gran desconocido (pese a haber sido ministro varias veces y de asuntos diversos) que accedió a la Presidencia del Gobierno huyendo de declaraciones y ruedas de prensa, lleno de ambigüedades y de promesas incumplibles porque nunca pensó en cumplirlas. Y el problema real no es solamente que no está respondiendo a las expectativas y moderadas ilusiones que miles de votantes habían puesto en él, esperando que aquella “grandilocuencia vacía” de sus discursos tuviera algo de fondo; el problema real es que las medidas que está tomando no sirven para mejorar la situación de España, sino más bien al contrario: cuando la crisis pase, España habrá perdido condiciones de derechos, rebajando el bienestar de sus ciudadanos.

Las decisiones y medidas legislativas que Rajoy está tomando apuntan en una doble dirección: por una parte, recortes y más recortes para rebajar el déficit y cumplir con los objetivos de Merkel, que estrangulan aún más la economía, paralizan el consumo, rebajan calidad de derechos y reducen las pocas posibilidades de que el país salga adelante (cercenando el conocimiento, la investigación, la innovación y el impulso emprendedor). Esta fiebre conservadora que no consigue frenar la crisis debería comenzar, antes de que sea demasiado tarde, a plantearse otras alternativas económicas como las que le gritan numerosos economistas keynesianos. Si no se reacciona, ocurrirá como en el chiste, que se nos habrá muerto el burro cuando ya se había acostumbrado a no comer. Pese a la asfixia a la que Rajoy está sometiendo a España, al miedo que se ha instalado en nuestros cuerpos, al sombrío pesimismo que encontramos en cada tienda o cada bar (de los que aún no han cerrado el negocio), la prima de riesgo y el Ivex 35 siguen disparándose con las cifras más negativas de la historia. No, no funciona la austeridad sin estímulo, no funcionan los recortes presupuestarios asfixiantes, no da confianza ver a un país cuyo mercado productivo sigue estancado y el desempleo asciende sin parar, y Rajoy no transmite ninguna confianza ni credibilidad, consiguiendo en 100 días haber dilapidado la esperanza de los españoles y caer en picado en las encuestas.

Por otra parte, muchas de las medidas que se están tomando no responden a combatir la crisis económica, sino que aprovechando la gravedad de la situación y la preocupación de la gente, Rajoy y el PP están aprobando medidas involucionistas y retrógradas que no tienen parangón en Europa. Pasaremos de ser un país modélico en derechos, autonomía y dignidad individual al mayor retroceso en nuestra capacidad democrática: la ley del aborto, la reforma de la justicia, la desaparición de las medidas contra la violencia de género (de la que el PP no acepta ni el nombre), las reformas contra las manifestaciones y las protestas pacíficas (de las que ni Gandhi se hubiera salvado de ser arrestado por colaborador armado) son una grave muestra de que Rajoy y su Gobierno son profundamente retrógrados y ultraconservadorer. Pero la más grave de todas es la Reforma Laboral, a la que además se disfraza de “beneficiosa” para el país: ¿beneficioso bajar salarios, aumentar jornadas, despedir más barato, no pagar horas extras, abaratar el salario pagado por el conocimiento y la formación de los trabajadores? Una reforma además que no conseguirá crear empleo.

¿Por qué se hace? ¿Responde realmente a la situación de crisis o ésta es la excusa que permite retrotraer a España a inicios de los años 80?

Además, los palos, los ajustes, los recortes, las asfixias, la injusticia no se aplica de la misma manera. Mientras a los trabajadores se les recorta sueldos, aumenta jornada y abarata las condiciones laborales, se perdona el fraude de los estafadores (¿dónde están aquellas promesas de luchar contra el fraude fiscal?). Y esto no ha hecho más que empezar, como dice Rajoy, “seguiré tomando medidas hasta el verano”. Mañana llega el aumento de las tasas universitarias y el copago sanitario a los jubilados, que equivale más o menos “a cuatro cafetitos”.

El PP está sentando las bases para crear el Estado de Beneficencia, siguiendo el claro ejemplo de Gran Bretaña o las medidas tomadas por Sarkozy, es decir, Rajoy sigue la estela de los Gobiernos más conservadores de Europa. Y esto no tiene nada que ver con la crisis económica. Es una cuestión claramente ideológica.

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Trabajar para vivir o vivir para trabajar

Hay películas clásicas que, no sólo no pasan de moda, sino que adquieren completa actualidad en situaciones críticas como la actual. No estaría de más que viéramos “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin, que con su satírico humor, retrata una sociedad cada vez más deshumanizada y una clase trabajadora alienada y explotada, cuyo único objetivo en la vida para poder llegar a final de mes es: ¡¡trabajar!! Durante años, las conquistas de derechos ciudadanos y laborales en Europa iban encaminadas a transformar el concepto del Trabajo, para convertirse en una herramienta, en el instrumento de liberación, de autonomía personal y de dignidad social de los ciudadanos. Disponer de un trabajo ha permitido, por ejemplo, la independencia de las mujeres y la autogestión de sus decisiones o elevar el nivel de vida de nuestros países desarrollados basados en la formación, la educación y la innovación. Que el Trabajo sea considerado un instrumento de libertad personal ha significado: – Ordenar el tiempo personal, distribuyéndolo en laboral, personal y familiar. – Ha permitido aumentar la calidad en la atención a los hijos, a compartir tareas familiares, a disponer de mayor bienestar económico en las familias. – Ha abierto una nueva dimensión personal en el tiempo de ocio, dirigido a una mayor formación, a una atención del cuerpo y la salud mediante el deporte, a un descubrimiento del placer de disfrutar del arte y la cultura, … – Ha significado desarrollar la parte cívica de los individuos a través de su participación democrática en otras actividades. En definitiva, el Trabajo como instrumento humaniza una sociedad de por sí difícil, árida, incomunicada y con pocos espacios para el desarrollo colectivo. Además, la mejor formación y preparación de la que disponemos ha servido para canalizar nuestras aspiraciones, ambiciones y sueños a través del Trabajo, convirtiéndose, en muchos casos, en algo más que un salario a final de mes: en la autorrealización de quienes han tenido la suerte de trabajar en aquello que les gusta. Pues bien, ¡se acabó! El siglo XXI comienza con una contrarrevolución sin precedentes. La nueva reforma laboral que nos plantea Rajoy y el PP nos devuelve a concebir el trabajo como un fin. ¡Vivir para trabajar! Como bien señala Manuel de la Rocha, en su análisis realizado en el periódico El Plural, “ante todo la reforma pretende una generalizada devaluación salarial. El Gobierno, al no poder recurrir a la devaluación monetaria, opta por una mejora de la productividad del sistema sobre las espaldas de los trabajadores vía disminución de los costes laborales. Son muchas las medidas que con este objetivo se incluyen: la prioridad absoluta en materia salarial del convenio de empresa, cuya razón es simplemente la bajada generalizada de salarios; la facultad que se otorga al empresario para que unilateralmente reduzca los salarios, sean pactados colectivamente sea en contrato individual; la rebaja radical del coste del despido, de 45 días a 20 días, además de la rebaja en el tope máximo de 42 mensualidades a un año; la desaparición de los salarios de tramitación en la declaración judicial de improcedencia del despido; y la eliminación de la autorización administrativa en los EREs, que la exposición de motivos impúdicamente justifica, precisamente para que no se pacten indemnizaciones superiores a 20 días por año”. Todo ello implica un aumento de traspaso de rentas de los trabajadores a los empresarios sin negociación ni compensación alguna, además de debilitar la posición de los trabajadores, incrementado de forma desproporcionada el poder de los empresarios. La justificación es la crisis económica. Pero no es la causa ni tampoco la solución a los problemas. Tal y como dice el propio gobierno, esta reforma no creará empleo. Entonces, ¿por qué? Porque aprovechando que no hay empleo, que la economía y el consumo están estancados, que existen recortes en todos los sectores, que nos levantamos con miedo cada día esperando que suceda algo peor, se aprovecha la coyuntura psicológica para dar un zarpazo a los derechos laborales. Convertir el trabajo en un fin, en la única razón de nuestra existencia, en lo que permita que perdamos la dignidad, “que trabajemos como chinos y en las condiciones de los chinos o los indios”, es decir, en condiciones deplorables, donde uno puede ser desplazado en cualquier momento y a cualquier sitio, desestructurando familias y proyectos de vida personales, rebajando los salarios, no sólo es un retroceso de derechos, sino una cortedad de miras que impedirá nuevas salidas laborales a esta crisis. Cuando nos ocurra como a Charles Chaplin en sus “Tiempos modernos”, dejaremos de consumir educación y formación, atención a los dependientes, escuelas para los pequeños, actividades extraescolares, campamentos de verano, ocio, turismo, cultura, innovación, creatividad, deporte, cuidado de la salud y la estética, atención del cuerpo, y un largo etcétera de nuevas profesiones que nacieron al calor del bienestar económico de una clase trabajadora pudiente.

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PUBLICACIÓN DE MI NUEVO ENSAYO

Queridos amigos y amigas:

he publicado un ensayo en la editorial Obra Propia, “La otra crisis: Ciudadanía y Democracia”. Es un intento de poner en orden algunas ideas sobre las que todos reflexionamos cada día. La actualidad corre tan rápido que, incluso, algunos hechos nos parecerán lejanos, los habremos olvidado o sencillamente habrán sido superados.
 
Si os apetece, podéis entrar en www.obrapropia.com    No se distribuye en papel, pues haciendo uso de las nuevas tecnologías, he optado por el formato pdf o epub. Así, su coste es también mucho más económico: 2,5 euros. Las 13 primeras páginas están disponibles para su lectura, así podéis comprobar si resulta de vuestro interés.
 
 
 
 
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El traje nuevo del emperador: Jaume Matas y Francisco Camps

 

Esta semana coinciden nuevamente dos personajes políticos “embarrados” en asuntos turbios, compartiendo portada de medios de comunicación. Dos políticos amigos, mucho más que del mismo partido, que compartieron alianzas, negocios, declaraciones, intenciones, la misma forma de gobernar, y una herencia de despilfarro y corrupción difícilmente superable. Dos políticos: Jaume Matas y Francisco Camps. Matas ha iniciado ya su periplo judicial con la primera sentencia desfavorable: seis años de prisión. Mientras Francisco Camps se muestra ufano en una revista proclamando sus grandes virtudes para volver a ser Presidente de la Generalitat Valenciana (¡increíble!).

Matas y Camps son las cenizas de una época dorada de esplendor donde se utilizó la psicología social para convencer al pueblo gobernado de la magnífica gestión de gobierno que estaban realizando, mientras el dinero escapaba a manos llenas en fraudes, trampas, corrupciones, falsificaciones, etcétera, etcétera.
El daño que ambos han hecho a sus Comunidades Autónomas, la herencia dolorosa de deuda y despilfarro que deberán pagar sus conciudadanos, la podredumbre que ha contaminado toda la Administración Pública y las relaciones empresariales, el deterioro de los servicios públicos de bienestar, no solamente es innegable sino difícilmente cuantificable por sus dimensiones.
Lo sorprendente es que ambos mandatarios parecen haber perdido la razón en un engrandecimiento del ego y no parece que quieran ser conscientes de lo que han hecho, de la inmoralidad de sus actuaciones y de las consecuencias fatales de su gestión. Más bien al contrario. Así podemos comprobarlo en la entrevista que Matas concedió a Jordi Évole en el programa Salvados o que Francisco Camps ha realizado para la revista Telva. En ambos no se aprecia ni un solo ápice de arrepentimiento, de humildad, de vergüenza, de perdón, sino que, por el contrario, continúan sacando pecho y autoproclamándose reyes en el desierto, véase a Camps “sintiéndose preparado para volver al frente del gobierno valenciano”.
Pero las circunstancias han cambiado. La crisis económica ha servido para destapar las miserias, para que la corrupción ya no pueda ser justificable, para que no se perdonen los despilfarros, para que la indignación ciudadana exija responsabilidades. La actual situación ya no es idílica, y mucho menos en la Comunitat Valenciana o en Baleares; la venda de los ojos de miles de ciudadanos, convencidos de que había algo bueno en los megaproyectos y banalidades del gobierno del PP, se ha caído. La realidad ya no es de color de rosa, sino más bien negra, muy negra para quienes no tienen trabajo, o les reducen los salarios, o no pueden estudiar en condiciones.
Ni Matas ni Camps se han dado cuenta que van “desnudos” en sus miserias. Que la gente ha descubierto que sus vestimentas son tan falsas como “el traje nuevo del emperador”.

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Día Mundial de la Poesía

Como hoy es el Día Mundial de la Poesía, lo podemos celebrar con un poema inédito, de verso libre, que refleja la situación social que vivimos. ¿Os gusta?

  • Se busca puesto de trabajo.
  • De camarero o de ingeniero,
  • sin pretensiones y con carnet,
  • sin seguridades ni ambiciones.
  •  Doy mi ocio por un empleo,
  • mis horas libres
  • por el tiempo más esclavo,
  • para que el despertador
  • cada mañana
  • caliente un café “estrés”. 
  • Los currículums no sirven,
  • “la experiencia es un grado”,
  • mientras la juventud envejece
  • entre saldos y recortes.
  •  Marx hablaba de buenos tiempos
  • para emprender revoluciones,
  • Keynes construyó bienestares
  • con el beneplácito del dinero.
  • Todo terminó,
  • ¡es la economía, estúpido!
  • que nos ha dejado tirados;
  • si antes fuimos ricos,
  • la suerte cambió de rumbo.
  • El casino sigue abierto,
  • el mundo se compra y se vende
  • entre especuladores curtidos

 

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Trabajar como chinos para los chinos

Como advertía Iñaki Gabilondo, cuando le nombraron Doctor Honoris Causa por la Universitat de València el pasado mes de febrero, no hay nada peor que perder el norte, pero esto tiene consecuencias mucho más graves en la situación de confusión e inestabilidad en la que vivimos. La globalización ha transformado nuestro planeta en un mundo sin puertas ni ventanas, que gira vertiginosamente envuelto en remolinos, entrechocando crisis de todo tipo (económica, cultural, política, democrática, …), y con más saber a nuestro alcance del que podemos digerir. Pero eso no parece habernos hecho más sabios ni más éticos.

En España hemos encontrado la solución a nuestros problemas laborales:¡trabajar como chinos!
Efectivamente, aquellos chinos de los que graciosamente nos reíamos por sus rollitos de primavera, el arroz tres delicias y las tiendas todo a 100. De repente nos hemos enterado de que China es la segunda potencia económica mundial, la primera potencia exportadora, la segunda potencia científica, la tercera potencia espacial, la primera potencia en crecimiento de I+D+i, así como la primera potencia en graduados universitarios por año. Nuevamente, Europa (y no digamos España) ha permanecido con una ceguera casi permanente a lo que ocurría alrededor del mundo.
Los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) son los países emergentes que representan casi la mitad de la población mundial y que están creciendo económicamente (en un momento donde Europa hace aguas), tienen graves carencias y debilidades. Por ejemplo, la ausencia de democracia, de derechos laborales y las grandes desigualdades sociales. Recomiendo leer la revista “Temas” del mes de marzo y el análisis detallado que hacen los colaboradores.
A lo mejor, son justamente estas carencias y debilidades las que han hecho frotarse las manos al empresariado español, que ha descubierto las excelencias de la sumisión, la discreción, el esfuerzo más allá del bienestar, las jornadas interminables de lunes a domingo durante 365 días al año y de sol a sol. Además, todo ello “barato, barato”.
Ésa es la apuesta empresarial de nuestros tiempos: fuera regulaciones laborales y fuera derechos que estorban y encorsetan el empleo, mientras dejamos que emigren nuestros científicos y técnicos, nuestros jóvenes en los que hemos invertido años y dinero en formación, y se escapa la apuesta por una industria productiva basada en la innovación.
Sólo hay un error en esta ecuación. Que China, la que compra nuestros productos de lujo, la que imita nuestros jamones ibéricos a 15.000 euros la pieza, la primera exportadora mundial, la que está “colonizando” industrias, la que ha comprado los locales de las principales calles de nuestras ciudades, la que tiene en propiedad polígonos industriales en suelo español, la que ha abierto el banco más grande de Europa en Madrid, la que tiene “dinero contante y sonante”, puede también ofrecer empleo a los trabajadores españoles. ¡Y quién sabe si a la velocidad que se deterioran aquí las condiciones laborales no nos será más rentable trabajar para el empresariado chino!
Pues se abre un nuevo futuro: ¡trabajar como chinos para los chinos!

Publicado en ACTUALIDAD, ARTICULOS, Artículos 2012 | Deja un comentario